La vida se mueve… ¡Y yo también!

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           Inicié mi recorrido en el mundo del ejercicio a los 16 años, motivado al cien por ciento por el deseo de dejar de ser gordo. Durante la primaria y la secundaria, la mayoría de las veces fui centro de burlas debido a mi complexión física. Los apodos que me endilgaban, cariñosos o no, se referían a mi redonda circunferencia y a mis enormes mejillas. En la preparatoria, en algún cortejo amoroso, fui rechazado de manera tajante porque a mi prospecto no le gustaban “los gorditos”. De esta manera, con una determinación poderosa, decidí acudir al gimnasio dispuesto a cambiar mi cuerpo a como diera lugar.

En breve, esa es la historia de mis inicios en la cultura física. Y eso es interesante. Yo creo que no soy el único. ¿Cuántas personas inician o intentan iniciar a hacer ejercicio con el deseo de tener una mejor apariencia? ¿Cuántas personas “odian” la manera en que se ven y hacen de “todo” para verse mejor, desde ejercicio exhaustivo hasta dietas extremas, hasta cirugías. Y en el peor de los casos cayendo en desórdenes alimenticios como la anorexia y la bulimia, o bien, acudiendo a químicos como los esteroides.   No soy fan de las estadísticas, pero yo creo que la mayoría de quienes inician cualquier clase de ejercicio, lo hacen motivados por esa razón: LA APARIENCIA. Verse mejor, sino es que espectaculares.

Formamos parte de un mundo donde la apariencia lo es todo. Somos bombardeados desde pequeños con estándares de belleza que pocas veces tienen algo que ver con la realidad. Desde las caricaturas con superhéroes y heroínas fortísimos y maravillosos abultando trajes elásticos, hasta las películas de todo tipo, incluídas las pornográficas, con hombres y mujeres perfectos, pasando por la publicidad de cualquier artículo donde el culto -y la venta- de cuerpos perfectos superan incluso las maravillas del producto que nos intentan vender. 

El mundo del fitness, del fisicoconstructivismo, de los gimnasios y de los suplementos alimenticios, de eso generan millones: la necesidad de la gente de intentar vernos como esos modelos con los que crecimos -y con los que seguimos creciendo y la desesperación de la gente de NO gustarse tal como es.

Y esto no es más que un triste reflejo de nuestra cultura física: O te matas en el gimnasio intentando imitar o alcanzar alguna imagen fitness, con lavadero en el abdomen incluido (O a algún modelo deportivo, dícese basquetbolista, ciclista, luchador, futbolista, atleta)… o te rindes y te conviertes en una persona más que engorda las estadísticas de la obesidad. 

En ese recorrido probé de todo. Levantar pesas siendo el centro de mi universo. Logré inflar mis músculos, sin usar esteroides, lo que significa que me puse “tan grande” a como el ejercicio con muy buena alimentación y mucho ejercicio lo permite. No voy a decir que me convertí en Schwarzenegger, ni en sueños, pero si lo suficientemente grande para no poder rascarme la espalda con mis propias manos. Pero ahí estaba yo, feliz porque me veía bien con playeras de spandex, con unos brazotes y un pecho prominente, a pesar de que me era imposible dormir boca arriba -me dolía la espalda- y a que me invadiera esa sensación de torpeza y lentitud que acompaña tener los brazos y las piernas tan tiesos, pero listos para tomarse verse “increible” en una fotografía. 

Esa obsesión de mantenerse “con buen músculo” pero cuidando de no formar “mucha grasa” en la cintura y mantener balanceada la parte superior con la parte inferior, y de no tener pérdidas musculares, y de levantar más y más peso, y de querer verme a punto de estallar las camisas, finalmente me hartó. En algún momento de la vida, con la madurez que solo traen los años, me pregunté: ¿De qué diablos me sirve esto? Y sabía que debía haber algo más que solo eso para darle a mi cuerpo. Sabía que debía haber mucho más que solo apariencia, que mi cuerpo era digno para mucho más que solo verme como cualquier revista, película o cómic decían.

Y como siempre que uno pide, el universo da, se me fue mostrado el camino a la cultura del MOVIMIENTO. Inicié con un pequeño curso rápido de acrobacia en donde me di cuenta que aunque tenía músculos, no tenía fuerza, ni flexibilidad ni condición física…y me sentí tan humilde ante tal revelación. Ello me llevo al Yoga, al entrenamiento por intérvalos, a correr, a moverme de diferente forma, a tratar de entender mi cuerpo ANTES DE QUERER ABRUMARLO CON EL PESO DE OTROS OBJETOS.  Con el tiempo y gracias al Internet, descubrí al maestro Israelí, Ido Portal, que fue mi primer contacto con esta ideología, en la que si tenemos un cuerpo, con una ingeniería tan perfecta, diseñada para moverse… ¡Pues hay que aprender a moverlo! ¡Hay qué re-aprender a moverlo! En todas las formas posibles, con la condición física y de fuerza que ello implica. Poco a poco, se me abrió el mundo a otro campo de posibilidades y muchos maestros comenzaron a aparecer, quienes con su inspiración y ayuda me regalaron otra perspectiva: Luis Ernesto Sarabia, Ryan Hurst y sus chicos de Gold Medal Bodies o la gente de Movnat, por ejemplo.  ( www.idoportal.com, www.luisarabia.com, www.goldmedalbodies.com, www.movnat.com)

Por supuesto, apenas inicio en este mundo tan amplio de la cultura del movimiento. Pero estoy feliz de haber comenzado este viaje y de que mi motivación hacia mi cuerpo ahora sea tomada desde la perspectiva de entenderlo, sentirlo y explorar nuevas formas de moverlo. Le dije adiós al mundo de la apariencia. Le dije adiós a la obsesión de verme como modelo de revista. Le dije adiós a las pesas y las máquinas y a la obsesión de levantar más peso cada vez. (Y me ha costado trabajo, de hecho, aún tengo que luchar con esa necesidad y que no me afecte el que me digan “¿Por qué estás tan flaco? ¿Dónde quedaron tus músculos? ¡Ya no tienes los brazos que tenías antes!”)

Ahora, detrás de mi relación con mi propio cuerpo hay un contenido filosófico, hay un contexto, tan lógico, tan natural, que es el simple hecho de MOVERSE. 

De hecho, el objetivo de mi programa de ejercicio, “TurboFuego”, ha evolucionado gracias a este proceso personal. Ya no es acerca de “como te ves”. Ahora, es acerca de como te sientes, con un cuerpo capaz de hacer cosas que no pensabas serías capaz. Lo demás, como te ves, es solo una consecuencia.

Y es que en realidad esta vida no es más que pura energía en movimiento. La vida se mueve… ¡Y yo también

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